Los catadores del soneo afrocaribeño
se dieron un banquete en el concierto de
Los Van Van en el Coliseo de Puerto
Rico, en Hato Rey.
Versos y musicalizaciones
improvisadas de más de siete minutos
fueron sólo el aperitivo para el volcán
de salsa que chorreó en cada rincón del
receptáculo, lleno hasta un poco más de
la mitad en su versión reducida y
convertido en una pista de baile sin
lugar para el descanso, no exenta de
olores como el sudor, el sicote y el mal
aliento de quienes se desgalillaron
acompañando a los cantantes.
"No sé por dónde empezar, pero, ante
todo, darles las gracias a Dios y a todo
lo que existe porque, después de una
ausencia de más de 10 años, contamos con
el sentimiento de Cuba a Puerto Rico, y
de Puerto Rico a Cuba", expresó el
vocalista Miguel Ángel Rasalps "El Lele"
cuando la agrupación cubana hizo su
entrada al escenario a las 9:00 de la
noche entre una iluminación juguetona y
un audiencia lista para alzar sus manos
y menear sus caderas como si aquella
fuera la última vez que bailarían en la
vida.
La alegría, un denominador común en
el show, se sumó al énfasis del
fraternalismo entre esos dos países para
generar un ambiente de celebración de
principio a fin en el que la naturalidad
fue elemento clave. A cada rato, los
intérpretes conversaban con los músicos
en pleno escenario sin que se afectara
un ápice de calidad en la presentación
musical.
"Quiero agradecer a Gilberto Santa
Rosa, a NG² , al percusionista Sandy
García, a Víctor Manuelle, al Gran Combo
y a todos los boricuas que nos han dado
un cariño inmenso", continuó El Lele en
una lista a la que Mayito Rivera añadió
los nombres de Olga Tañón, Andy Montañez
y Jerry Medina. Estos últimos
sorprendieron al subir a la tarima,
respectivamente, en los números Anda,
ven y muévete, Ven, ven, ven y La cabeza
mala.
Cada una de las 15 canciones se
desbordó en soneos y provocó que se
desatara la cadencia en el público. Pero
en Me mantengo y Ampárame, esas
reacciones llegaron a su punto más
intenso. La gente bailaba y coreaba
hasta entre los espacios que separan las
secciones de escaleras del Choliseo.
Asimismo, la cantante Yenny Valdés
enamoró con su furia en Después de todo,
un toque femenino que realzó la invitada
Vanessa Formell, hija del director Juan
Formell. La rubia solista integró el
verso Yo te quiero, Puerto Rico a sus
intervenciones, lo que motivó a los
presentes a alzar sus banderas de este
país y Cuba, y hacer juntos una gran
ola.
Sin embargo, el rasgo que seguramente
dejó una huella más marcada en este
concierto estribó en las letras y
melodías que allí se difundieron.
Apoyadas en la energía interpretativa de
Los Van Van, éstas recalcaron la
importancia de defender las raíces
afroantillanas y otorgarles el respeto
que se merecen.
Fuente: Granma