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Submitted by Lena Campos on Mon, 2009-10-12 14:16.
Francisco Vega sacerdote vicario cienfuegos.jpg
Francisco Vega Rodríguez, sacerdote gijonés de 75 años, es el vicario general -segundo cargo tras el obispo, Domingo Oropesa Lorente- de la diócesis de Cienfuegos, en Cuba. Desde joven vive en el país caribeño.

-Vuelve usted de Cuba a España en 1959, pero después regresa otra vez ¿No le asustaba la Revolución de Castro?

-En 1959 estaban las cosas un poco difíciles e incluso intervinieron el seminario del Buen Pastor. Había tensión y muchos se estaban yendo. Decidí volver a España a terminar los estudios eclesiásticos y otros seminarista se fueron a Canadá. Decido volver en 1964, aunque no se había estabilizado la situación, y de tal modo que el obispo de Oviedo me dijo que no debía ordenarme sacerdote para que entrara como un laico más en Cuba y luego ya pudiera ser ordenado.

-¿Mueren sacerdotes en la revolución?

-No hay ningún mártir. Allí nunca se prohibió decir la santa misa, ahora bien, siempre dentro del templo, nada en el exterior, ni las procesiones, y la catequesis encontraba algunas dificultades. Pero la cosa no iba contra los sacerdotes.

-¿Cómo ha evolucionado la relación Iglesia-Estado en Cuba?

-Un obispo cubano ya fallecido decía que en Cuba los católicos tan católicos. Interpretando correctamente esta expresión, lo que ha sucedido es que no ha habido extremismos, por lo menos por parte de la Iglesia. Después de una confrontación muy fuerte, al principio, poco a poco ha ido cambiando la situación a través de muchos años. Después de mucho tiempo se ha llegado a cosas antes inconcebibles, como por ejemplo visitar las cárceles, o las procesiones, o hablar por radio, aunque sea unos minutos dos o tres veces al año. Últimamente hasta se puede celebrar misa en las cárceles. Esto ha sido a través de un proceso largo y en cierto sentido el Gobierno ha dejado de ver a la Iglesia como un enemigo, aun cuando la Iglesia ve cosas con las que no está de acuerdo.

-Números de la Iglesia cubana.

-Once diócesis; las históricas eran seis. Once obispos, de los que tres son arzobispos, más dos obispos auxiliares en la Habana, y tres eméritos. Cerca de 300 sacerdotes.

-¿Número de católicos y de practicantes?

-Practicantes, muy pocos, pero creyentes hay muchos. La mayoría del pueblo es creyente. Muchos católicos no van a las iglesias, por supuesto, por una u otra razón, pero la gente respeta mucho a la Iglesia, incluso les gusta que se les visite. En general, no hay choque en el pueblo.

-¿De qué viven los sacerdotes y la propia Iglesia?

-Hubo una época en la que no se recibía nada y los sacerdotes vivían de lo que les daba la gente, incluso les enviaban la comida; por eso digo que la gente es maravillosa en Cuba. Pero eso ha ido pasando y ahora hay una ayuda exterior. Sin ella no se podrían ni reparar los templos. Los cubanos practicantes colaboran, pero no hay demasiados recursos. Los templos se pueden reparar, con permisos, pero no construir nuevas iglesias. Hasta ahora no se ha dado ningún permiso para un nuevo templo.

-¿Vocaciones?

-Regular, escasas. Hay unos 60 seminaristas, muy pocos para atender todas las necesidades de un país con once millones de habitantes. Hay un Seminario con estudios de Filosofía y Teología, que es el de La Habana, San Carlos y San Ambrosio. Después hay el Seminario de Santiago de Cuba, que es para Filosofía. El de La Habana está asociado a la Universidad Gregoriana de Roma, y el de Santiago, a una Facultad de Santo Domingo. Al terminar la Filosofía en este último, o van a estudiar a La Habana o van a estudiar fuera del país. También hay lo que se llama el Propedéutico, que son unos años antes de entrar al Seminario para probar si el muchacho tiene vocación.

-¿Qué influencia posterior tuvo la visita de Juan Pablo II a Cuba?

-Los cubanos vieron que no eran un pueblo tan cerrado, sino que había cierta apertura. Pero las cosas han seguido yendo gradualmente. Eso sí, a partir de la visita de Juan Pablo II se ha podido celebrar el 25 de diciembre, que hasta entonces era una fiesta suspendida. Ahora es día de fiesta para todo el país, aunque antiguamente, sin ser fiesta y sin ir a la iglesia ese día, las familias se reunían a cenar. Era un día significativo, aunque muchos no supieran por qué razón. Se denomina 25 de diciembre, pero la gente sabe que la fiesta es debida a que es el día de Navidad.

Fuente: LNE.es